Plataforma
Tres oficios, una sola casa
Comprar, vender y repartir. Cada rol tiene su aplicación. Esta web no reemplaza la app: ordena la entrada, la solicitud y el cumplimiento.
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Comprador
Encontrá comercios cerca y pedí con reglas claras. En la app, El Chele te acompaña: arma la lista, propone un reemplazo y te muestra lo que te conviene.
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Vendedor
Publicá tu negocio, facturá con DTE electrónico y cobrá en efectivo. El alta pasa por cuestionario y documento.
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Repartidor
Sos el engranaje que mueve toda la operación: del local a la puerta. Cada entrega cerrada te deja una buena comisión.
Criterio
Lo que esta casa sostiene en público
Sin cifras de adorno y sin cobertura que todavía no existe. Tres reglas de operación.
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Comercio con nombre
Sabés con quién comprás, a quién le vendés y quién te entrega.
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Alta con documento
Cada solicitud se evalúa por separado, para frenar fraudes.
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Datos al mínimo
No vendemos datos personales. La política pública dice qué se usa, para qué, y cómo ejercer tus derechos.
Territorio
Diseñada para los 14 departamentos.
El mapa es el país entero. La operación pública crece con los comercios dados de alta, departamento por departamento. No anunciamos una red nacional ya encendida.
- Ahuachapán
- Cabañas
- Chalatenango
- Cuscatlán
- La Libertad
- La Paz
- La Unión
- Morazán
- San Miguel
- San Salvador
- San Vicente
- Santa Ana
- Sonsonate
- Usulután
Acceso
Quiero unirme
Comprador: registrate en la app. Vendedor, repartidor o mayorista: enviá el precuestionario. Te contactamos al teléfono que indiques.
Cuestionario en línea y documentos.
Identificate con tu DUI. El NIT es opcional, porque ahora es el mismo número. También podés indicar tu NRC.
Ver flujo completo, Términos y Privacidad.
Posición
Nuestra visión
Tu oficio merece un país entero, no solo una cuadra.
Vendé y facturá como los gigantes. También.
El país se sostiene con quien abre la cortina al amanecer y con quien pone el casco cuando otros todavía duermen. Esa gente no es un apéndice de la economía salvadoreña: es la economía. Lo que le faltaba no era oficio. Era la factura. Con el DTE electrónico tu venta queda documentada como en una cadena grande: quien pide comprobante puede comprarte, y lo que entra a la caja se entiende.
Si vendés, la facturación digital abre plata que antes se iba a otro mostrador. Una oficina, un restaurante o una empresa te puede pedir factura, y vos se la das. Seguís cobrando en efectivo cuando el barrio paga así, y además dejás el registro en orden. Menos papel suelto, menos ventas perdidas por no poder facturar, más chance de crecer con proveedores y con clientes que compran en serio. Publicá, cobrá, despachá. Tu pupusa, tu ferretería, tu marca de patio puede verse en tu barrio y en Santa Ana, San Miguel, la costa y cada cabecera.
Si repartís, sos el engranaje que mueve el pedido hasta la puerta. Sin esa pieza la venta no llega. Hay ruta, respaldo y una comisión por cada entrega cerrada: el trabajo se paga, no se esconde.
Un dólar que circula entre salvadoreños — del taller al comprador, del comprador a tu bolsillo — es soberanía de verdad. La factura electrónica deja ese círculo virtuoso con nombre y con fecha. Si tu producto es bueno, que lo pruebe el país. Y que se pueda facturar.